martes, 20 de enero de 2009

LAS INCORRECCIONES DEL LENGUAJE


¡Buen domingo, querido lector! Debo reconocer que me hace muy feliz recibir la solicitud de comentar en esta columna algún tema sobre obras de consulta. Un joven amigo, interesado en los diccionarios a los que deben acudir los escritores, desea que le recomiende uno de los imprescindibles. Para mí todos son imprescindibles, según el momento o el texto en el que estemos trabajando. Por ahora me referiré al que tengo a la vista: el Diccionario de incorrecciones, particularidades y curiosidades del lenguaje. Sus autores: Andrés Santamaría y Augusto Cuartas. Estoy segura de que habrá alguna edición reciente; la mía es la tercera, corregida y aumentada por Joaquín Mangada Sanz (Madrid, Paraninfo, 1975). Está dividido en dos columnas: “Se dice o se escribe” y “Debe decirse o escribirse”. Nos ofrece una riquísima lista de frases en cuyo uso erróneo es muy fácil caer por la frecuencia de su uso en todos los niveles culturales, particularmente en los medios masivos de comunicación. Permítame algunos ejemplos: la frase asuntos a tratar. Ésta es una expresión incorrecta que se dice en casi todas las reuniones de cualquier índole. El diccionario nos avisa que debe decirse: asuntos que serán tratados. En el caso de la preposición en, vea usted algunos casos de uso indebido: no terminaron el trabajo en tiempo, en lugar de decir: no terminaron el trabajo a tiempo. Escuchamos también frases como: en el lugar en que fue fundada la empresa X por En el lugar donde fue fundada la empresa X. O hablaré en favor tuyo por hablaré a favor tuyo. Pero aquí no sólo se recogen las frases que se pronuncian mal, sino también algunas voces: oponente por opositor; optener por obtener; orgullecerse por enorgullecerse; padresnuestros por padrenuestros. La relación es infinita. Como usted puede observar, se trata de la lengua de todos los días.

Pero esto no es todo lo que nos ofrece este diccionario. Abre sus páginas con una Breve historia de la Real Academia Española de la Lengua, importante información que no es sencillo hallar en las guías bibliográficas. Viene en seguida un capítulo destinado a las Reglas para el uso de las letras del abecedario castellano, manera sucinta y facilísima de acercarnos a las normas ortográficas. Luego: Cómo se deben denominar las voces de los animales: el perro ladra, la serpiente silba, la liebre chilla, el pato parpa, el oso gruñe, la cigarra chirría. En brevísimas listas se nos entregan las dudas ortográficas: Palabras que hay que escribir con doble c (cocción, interdicción, predicción); Palabras más corrientes con letras duplicadas (cooperar, poseer, preeminente reencarnar, reenganchar); Palabras que hay que escribir separadas (a bordo, a ciegas, a tiempo, de balde, en derredor, en fin, en seguida), y Palabras que deben escribirse juntas (asimismo, bienestar, contrapeso, enfrente, paracaídas, pisapapeles, ultravioleta, vaivén). Incluye los Gentilicios de algunas poblaciones españolas (de El Ferrol, ferrolano; de Salamanca, salmantino; de Valladolid, vallisoletano). Y una delicia: dieciocho páginas de Frases latinas. Aquí están las más conocidas, las que decimos a diario: ad hoc, ad infinitum, a priori, curriculum vitae, idem, homo sapiens, in fraganti, non plus ultra. Pero no son todas: se registran las frases de los grandes hombres, esas que resumen un momento que todos podemos vivir. Permítame un ejemplo: Julio César, cuando se dispone a atravesar el Rubicón para dirigirse a Roma, contra Pompeyo, dice: Alea jacta est. Y esta frase del césar por antonomasia nos hace pensar, a la debida distancia, en que nosotros también la hemos dicho, como él, cuando hemos decidido arriesgarnos: La suerte está echada. Y nos atrevemos a esperar todos los riesgos. O esta otra del mismo césar: Veni, vidi , vici, las famosas tres palabras con las que dio cuenta al Senado de la victoria que acababa de obtener sobre Farnaces, rey del Ponto. Llegué, vi y vencí. ¿No acaso nosotros también hemos enfrentado riesgos que creíamos dificilísimos, y luego, al pasar su momento, descubrimos que todo fue muy fácil?

En fin, querido amigo, éste es un libro imprescindible, no sólo por el apoyo que nos proporciona al resolver nuestras dudas gramaticales, sino por el placer que nos causa su lectura y la invitación permanente que nos hace a continuarla en otras obras. Léalo, disfrútelo, le va a encantar.

Pero ¿me leerá el próximo domingo? Gracias. Aquí estaré.

anaelenadiazalejo@prodigy.net.mx
(Columna publicada el 18 de enero de 2009)